martes, 11 de agosto de 2009


Que suboooooo (vértigo), buffffffff... menuda bajada!! Hostias que alto!! Mierda!! tan hondo se puede llegar??.... Y así todo el puto verano. Se convierte en algo divertido cuando eres consciente que forma parte de un maniáco-depresivo:


    • Hoy me apetece asesinar a alguien, o... quizá intente dar un golpe de estado?? No, no!! mejor llamo al Diario de Patricia (Gaztañaga forever) y cuento como me gustaría aparearme con una yegua trianera que ronda el olivar de mi tio Antonio, aunque previamente... Me gustaría tanto, tanto, tanto ir a estudiar gorilas al Congo, no sin antes cumplir mi sueño (de hoy) cultivar sandías e irme a vender por los pueblos...


Cuando vuelves a tu casa después de tres años, e intentas llevar una vida normal, te encuentras con esa pequeña fracción de tiempo, y es ahora cuando miles de teóricos y científicos de renombre podrían explicarme el paso de los días, las horas... que nunca llegaría a entenderlo. Trabajo en una piscina como socorrista, y en el teatro callejero por las noches; quién dijo que no se puede viajar en el tiempo?? Después de dicha trilogía, es mi alopecia la que más ha notado el cambio, por lo demás no he dejado de querer hacer el payaso, vivir hasta cansarme, y sentirme bipolar a lo “Raquel Mosquera” la única diferencia, es que todos esos aborígenes con los que me crié, tienen novio, novia o sucedáneo, y no podemos ir de la mano.


El otro día, en las Ferias y Fiestas de mi pueblo, vi un ser de esos que me hacen mella. Un grupito de Sevillanas hacían sus pinitos en la plaza contratadas por el Ayuntamiento. Entre ellas, una sin un brazo, imagino que de nacimiento, la chiquilla desprendía duende como la que más: La chunga, Sara Varas, o cualquiera de las grandes se concentraban en ese muñón. Algo que podría invitarme a hacer dos millones de chistes, se convirtió en una reflexión constructiva, y es que, me pareció tan envidiable el coraje de la niña, que hizo olvidarme de su manita derecha, para transformarla en un personaje soberbio dentro de la danza. No dejé de pensar en que significaba para ella el tiempo, y si quizá habría pensado en seguir dedicándose a bailar seguidillas y portés flamencos, sin duda llegaría alto, con o sin su muñón. A diferencia de “yo”, que teniendo los dos brazos, no encuentro el camino ni los medios para hacer algo que me guste el día de mañana.


Hoy al menos lo tengo claro; quiero ser bailaó!!!