miércoles, 25 de junio de 2014

Funland (qué bien me lo paso, como molo, que guay soy, esto es la hostia)

  Si hay algo que me de asco - pena - tristeza - odio, son las "sensaciones enlatadas" y me permitiré llamarlo así porque me lo acabo de inventar y hoy me siento impertinentemente literario. Lo que vienen a ser esos sitios o cosas que te prometen algo, generalmente diversión: La nochevieja, las bodas, los parques de atracciones... y ese tipo de cosas que (en mi caso) me acaban fustrando porque no responden a las expectativas de sensación asegurada. No sé si es trauma infantil o algo más extendido de lo que pienso, pero en cualquier caso no me gusta NADA, lo esquivo si es posible. No puedo negar que me gustan los festivales de música, pero quizás por el hecho de ser más heterogéneos (tienda de campaña, conciertos, alcohol, tiempo para el relax...) los tolero más, mucho más.

   Pues bien, casi 7 meses viviendo en Malta y  entre los argumentos que encuentro para que no me encuentre bien en esta islita del Mediterráneo, además de lo claustrofóbico de vivir en una isla tan pequeña, es el hecho del "genocidio de la espontaneidad" (otra impertinencia literaria recién inventada) a la que está expuesta. Solo hace falta salir de casa para encontrar carteles que te invitan a una fiesta #superhipermegadivertida que no te puedes perder, o un grupo de chicos dándote flyers para que te apuntes a una boat-party y te lo pases #deputamadreparaarriba (con opción a ligar mucho), o caminar y encontrarte la Limosine cargada de ingleses con la cabeza por fuera de la ventanilla ¿celebrando? algo y gritando para que sepas que están ahí y los mires. También es muy común ver autobuses con la parte de arriba abierta donde los niños "bien"de las academias de inglés hacen fiesta y gritan igual que los de la Limosine; Y sin olvidar Paceville, la zona de fiesta por excelencia donde la moral católica Maltesa se olvida y te hace sentir un mojigato todo lo que hasta ahora no habías visto. En suma, un horror vacui de programas de diversión con scaleta y medidos en el que uno paga y luego se divierte.

   Me queda menos de un mes aquí, y cuento los días para coger el avión. Uno no deja de aprender y a mí Malta me ha enseñado que:

1. Malta me genera ansiedad, desidia y ganas de procrastinar
2. No me gusta Malta.

Conclusión: Esto es Mordor y yo soy Frodo Bolson.



P.D. Me ahorraré recordarme el grupo de Españoles de los que tras su bautismo de iniciación al "ESPAÑOLES QUE GUAY SOMOS Y LO QUE MOLAMOS EN MALTA, SOMOS LO PUTO MÁS!!" de los que me supe escapar a tiempo y odiarlos lo justo y necesario.